No quisiera
comenzar este artículo sin, en primer lugar y como no puede ser de otro modo, trasladar
mi agradecimiento y admiración a las familias que se enfrentan día a día a los
trastornos de conducta alimentaria, los cuales demuestran que están dispuestas
a hacer los kilómetros que sean necesarios y a mover cielo y tierra para que
sus familiares tengan una atención adecuada.
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| Patricia Cervera y más miembros de TCA con Inma Nieto y Chus Fernández de IU |
Si ya era una odisea
la que vivían estas familias, ahora, con la crisis sanitaria, las condiciones
que viven se han complicado de forma exponencial. Riesgo de contagio, imposibilidad
de derivar a las y los pacientes con TCA a otras Comunidades Autónomas, ir a
urgencias en reiteradas ocasiones cuando les dieron el alta hospitalaria para
evitar el contagio, familias que se han quedado sin tratamiento porque sus citas
han sido canceladas… son algunos ejemplos de lo que están viviendo desde hace
dos meses. Las familias afirman estar en un túnel sin salida. Por lo tanto, esta
realidad hace que sea necesaria una atención urgente sobre este colectivo, esté
presente o no el Covid-19.
¿Pero qué
acciones debemos llevar a cabo para mejorar la salud de las personas que sufren
TCA, esté o no esté presente el Covid-19? Además de partir de la base del
tratamiento en un entorno hospitalario de las personas con Trastornos de
Conducta Alimentaria (TCA en adelante), no debemos olvidar el trabajo
multidisciplinar que se debe llevar a cabo desde diferentes prismas: el
educativo a través de la Educación Emocional, el comunicativo donde la RTVA sea
una herramienta útil para evitar dichos trastornos y, por último, pero no por
ello menos importante, el permeable entre los colectivos y la administración para
conseguir una escucha activa con los mismos y una inclusión laboral de las personas
afectadas y de sus familias.
¿Qué recursos y
espacios necesitan? Hay que plantear con firmeza que las unidades multidisciplinares
que se creen tengan un espacio diferenciado y con profesionales especializados con
dedicación exclusiva debido a
la necesidad, en los casos graves, de recursos sanitarios en caso de urgencia
médica (psiquiatría, psicología, endocrinología, medicina interna, personal de
enfermería y auxiliar de enfermería, trabajadores sociales, educadores sociales,
terapeutas ocupacionales). Por sus características sintomatológicas propias,
los TCAs requieren la intervención de personal entrenado en las mismas, a
diferencia de en el resto de las patologías con posible indicación de estancia
en centro de día.
En cuanto a las
necesidades nutricionales de los/as pacientes con TCAs, serán diferentes al de
resto de pacientes, generándose, en caso de unidades no específicas, o bien un
déficit en el tratamiento (si estas necesidades no son atendidas) o una estigmatización
innecesaria en el caso de establecer “diferente atención nutricional y de supervisión”
entre pacientes. Este hecho nos reafirma que las intervenciones con técnicas de
exposición y prevención de respuesta ante alimentos durante las comidas no
pueden llevarse a cabo en grupos heterogéneos, ya que la psicopatología propia
de los TCAs requiere unas normas “en comedor” especificas incompatibles con la
presencia de pacientes con diferentes diagnósticos.
Así mismo, consideramos
que es de vital importancia establecer un protocolo coordinado de análisis,
seguimiento y atención de los Trastornos de Conducta Alimentaria entre el SAS,
el Ministerio de Sanidad, TCA Andalucía y la Asociación Española para el
estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (AEETCA). Esta coordinación
ayudaría a evitar, principalmente, el enorme baile de cifras en los casos
diagnosticados en Andalucía ya que varían desde los menos de 700 que recoge el
SAS (2019), a los más de 6.000 del Ministerio de Sanidad, pudiendo llegar, a
más de 70.000 según las estimaciones.
La Asociación
Española para el estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (AEETCA)
alerta que más de 400.000 jóvenes en España estarían sufriendo un trastorno de
este tipo y que la edad de inicio ha bajado en torno a los 12-13 años de media,
aunque cada vez aparecen casos más tempranos. Esta misma cifra se recoge en un
informe publicado en ABC en el año 2015. Por lo tanto, es importante una coordinación
entre los diferentes entes para analizar y coincidir en los casos diagnosticados,
de incidencia y de prevalencia. Es
fundamental que las estadísticas oficiales muestren los datos que reflejen,
fielmente, esta realidad.
La creación de
los hospitales de día y consultas externas en todas las provincias debe ser una
apuesta firme por parte de toda administración. Esto nos llevaría a tener un circuito
asistencial completo integrado con hospitalización, hospital de día y
consultas. Además, esta medida nos evitará la cronificación del Trastorno de
Conducta Alimentaria ya que su tratamiento no quedará condicionado a la
distancia excesiva al domicilio familiar, lo que imposibilitaría su asistencia
y, por tanto, su mejora.
Otro aspecto a
tener en cuenta es el papel de los mass media y, en el caso de Andalucía, la función
de la RTVA es fundamental para la transmisión de información, de conexión
social y de vertebración del territorio. De ahí que le demos un papel fundamental
en la prevención de la aparición de los Trastornos de Conducta Alimentaria y,
para ello, pedimos la eliminación de los estereotipos físicos y sociales que
propicien dichos trastornos.
Debemos abordar
igualmente, los TCA desde el punto de vista de la educación que, como pilar
fundamental de la sociedad, no se podía quedar a un lado y para ello se debe priorizar
la Educación Emocional en los centros educativos andaluces para garantizar que
nuestras y nuestros jóvenes tengan las herramientas necesarias para enfrentarse
a situaciones adversas.
Los TCA
constituyen actualmente la tercera enfermedad crónica entre la población
femenina adolescente-juvenil de las sociedades desarrolladas y occidentalizadas
siendo una enfermedad predominantemente femenina (cerca del 90% de los casos), por
lo que la perspectiva de género no solo será un factor a tener en cuenta, sino
que será un elemento vital para cualquier medida que se desee plantear.
En los países
desarrollados, una de cada 200 niñas de entre doce y catorce años padece
anorexia y/o bulimia. Por desgracia, al menos el 10 % de estos enfermos muere
como consecuencia de la enfermedad; y un porcentaje muy elevado no llega a
curarse del todo y termina sufriendo recaídas a lo largo de su vida. También se
observa recientemente un incremento de casos de población en edad madura, no
adolescente.
De ahí que debamos
dar visibilidad a los innumerables problemas a los que se enfrentan las personas
que padecen los trastornos y sus familiares por lo que es de justicia luchar
por lo que reivindicamos en el texto.En este sentido, solicitamos que las administraciones
públicas se comprometan a colaborar estrechamente con los agentes sociales y
asociaciones donde la celebración de reuniones periódicas para evaluar las
actuaciones que se lleven a cabo y establecer propuestas de mejora, si así
fuera necesario, serán una pieza clave en la materia.
Por lo tanto, es
vital y fundamental la escucha activa, el análisis y la evaluación de las
propuestas realizadas, así como fomentar la investigación de los TCA e incluir
políticas de inclusión social y laboral, tanto de las personas afectadas como
de los cuidadores.
Desde hace ya
varios años y, ahora con la crisis sanitaria, los ha llevado a situaciones de auténtico
abandono en la asistencia necesaria de las personas con TCA. Las que han podido
han acudido a la sanidad privada. El coste del tratamiento por su duración e
intensidad es muy elevado, imposible de asumir por muchas familias andaluzas. Otros casos, se han enfrentado a un largo
peregrinaje infructuoso por distintos dispositivos asistenciales situados a
cientos de kilómetros de casa y teniendo como resultado un fracaso tras otro,
agravando la enfermedad y poniéndose en peligro la vida de los enfermos.
No olvidemos que
hablamos de personas que inician la enfermedad siendo muy jóvenes. Infancia y
juventud robada, vida rota por el sufrimiento de los afectados y sus familias.
Pierden el tren de la vida y Andalucía ha estado mirando hacia otro lado, justificando
que los “parches” asistenciales cubrían estas necesidades.
No quisiera terminar
este artículo sin citar la campaña iniciada en marzo de 2019 por una madre de
Granada, Patricia Cervera, con más de 327.000 firmas para la creación de las
instalaciones necesarias en Andalucía, además de recordarle al Consejero de
Salud que cumpla con el compromiso de crear las 2 unidades completas de TCA ya
que ha pasado un año y aún no ha realizado las gestiones que se comprometió a
realizar en mayo de 2019.
Para finalizar quiero
decirles a las familias una frase de Tolkien. “Hay muchas cosas buenas en este
mundo, y merece la pena luchar por ellas” y para luchar por ellas os aseguro que
no vais a estar solas.

Gracias Chus por ayudarnos tanto , no te imaginas lo agradecidas que estamos todos/as con tu labor.
ResponderEliminarRealmente personas humanas como tú es lo que necesitamos en nuestra sociedad.
Un saludo.
Eres todo un ejemplo dr Diputado. Además de informarte te has implicado con estas familias de personas con TCA, que están sufriendo mucho, como bien sabes.
ResponderEliminarGracias inmensas como familiar de dos de ellas una madre y su hija con TCA.