Julio Anguita afirmaba que él basaba su pensamiento, su filosofía de vida en la coherencia que debía existir entre aquello que pregonaba con aquello que hacía en el día, en el como vivía. Para él no había nada como ser coherente entre lo que se dice y lo que se hace.
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| En el patio del Ceip Francisco Ayala de Iznaloz |
Por eso, cuando dejó la política activa volvió a su profesión como maestro. El hecho de volver a su puesto de trabajo, pero otros como Cayo Lara inscribiéndose en la lista del paro, hacen que se dignifique la profesión de la política en la que estamos acostumbrados a que grandes dirigentes del país cuando termina su aventura en las cortes usen los consejos de administración de las grandes multinacionales como puertas giratorias, como puestos de trabajo en los que haya gente que piensen que son como pago de determinados favores cuando ostentaban el gobierno.
Pues bien, cuando me afilié a IU y al PCA sabía que tenía grandes referentes que habían sido coherentes con aquello que predicaban. Sabía que si algún día me dedicaba profesionalmente a la bonita labor de la política era para volver, cuando acabara esa etapa, a mi puesto de maestro tal y como lo había hecho Julio Anguita.
Y es que, en política no hay sensación mejor (además de la que te genera el mejorar la vida de la gente) que ser coherente y poder ir con la cabeza alta y las manos limpias allá por donde vayas.
Con la enorme suerte de saber que volvía a una profesión que amo como es la docencia, con la certidumbre de conocer el gran pueblo de Iznalloz y con el gran recuerdo que aún albergo en mi corazón de mi anterior etapa en Acatucci retomo las clases. Eso sí, con los típicos nervios del primer día de clase.
Ni consejos de administración de eléctricas ni de gas, mi puerta giratoria es el Claustro de Maestras y de Maestros del Ceip Francisco Ayala. ¡Show must go on!

Bienvenido al mejor colegio del mundo!!
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