Vergüenza,
impotencia, rabia... son muchos los sentimientos que pasan por mi cuerpo al ver
las imágenes de las protestas que se produjeron ayer en el barrio más rico del
país, el barrio de Salamanca de Madrid.


Personas que no
son conscientes de la tremenda crisis sanitaria que estamos sufriendo y que
actos tan incívicos e inmorales (y hasta delictivos) como los vividos ayer pueden
suponer un enorme repunte en la transmisión del Covid-19 entre gran parte de la
población.
Personas en la
calle, en fase 0, sin guardar la distancia de seguridad y desoyendo las
numerosas obligaciones sanitarias que debemos cumplir para poner en el centro
de sus protestas un ombliguismo exacerbado a favor de mantener sus enormes
privilegios. Egoísmo e inconsciencia en cada metro cuadrado del famoso barrio
madrileño.
A este tipo de
personas no le importa ni tus derechos, ni la sanidad pública (no la usan), ni
la cantidad de días que llevas en tu piso de 50 metros sin ver a tus padres, ni
mucho menos a la cantidad de pequeños comercios que han tenido que cerrar
haciendo un esfuerzo titánico para poner su granito de arena para detener la
pandemia. Han escupido encima de los profesionales de la sanidad, de la ayuda a
domicilio, de las y los docentes que se desviven por enseñar desde la
distancia, de la gran cantidad de voluntarios y voluntarias de Protección Civil
que se han estado exponiendo durante la cuarentena, de los cuerpos de seguridad,
de tus vecinas y vecinos que sin tener un duro se han puesto a coser
mascarillas para toda tu calle. Esta gente rica que vive en su burbuja de lujos
y de riquezas ha pisoteado la lucha de estos dos meses de un pueblo entero.
Solo les importa lo
suyo y no los verás junto a ti luchar por unas pensiones dignas, por una
educación pública de calidad o por el blindaje de la sanidad pública. Y, para hacerte
creer que eres de su clase, no dudarán en envolverse en una bandera de falso
patriotismo en forma pulseras, chalecos y cuentas en Suiza mientras ignoran el
verdadero amor por este país que se ve con la solidaridad de la gente de los
barrios obreros.
El día que toda
la clase trabajadora se de cuenta que las clases pudientes solo velan por sus intereses,
ese día se habrán acabado sus privilegios y se habrán blindado nuestros derechos.
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