En casa siempre hemos vivido muchísimo más el Día de Reyes que cuando venía Papá Noel. Por eso, la emoción, la intriga y la ilusión se mantenían intactas (es más, diría que aumentaban con el paso de los días) hasta la madrugada del 6 de enero.
![]() |
| Cartas que le escribí a los Reyes Magos |
Previamente le tenía que escribir la carta a los Reyes. Bien dictándosela a mi madre, bien escribiéndola yo con aquella caligrafía "tan buena" que tenía (ahora no es que la tenga mucho mejor). Esas cartas eran compradas en la extinta Librería Fuentes que había en la calle Jiménez. Con el paso de los años, sus Majestades me devolvieron esas cartas para que las tuviera de recuerdo. ¡Qué detalle tan bonito!
Pasaban los días del frío invierno y llegaba la tarde del 5 de enero. Con bolsa de plástico en el bolsillo me dirigía hasta la plaza del Mundo Nuevo para no perderme ni un segundo de la comitiva ya que había que recoger todos los caramelos posibles para tener un buen avituallamiento de dulces para todo el año así como de cazar el mayor número de balones de plástico puesto que se acababan muy pronto ya que los colábamos en el balcón del Cascahué y ahí los balones entraban pero no salían.
Esa cabalgata tenía dos puntos estrella. El primero era en la plaza del Curro en el barrio de Caicena (Casas Nuevas). Giraba desde la Avenida de los Colorados, con una esquina abarrotada de gente cerca del supermercado (Antiguo Fuentes, Super Mugar y actual Despensa de María), hacia la calle Rebite. Al final de esta vía y desde el balcón de Antonio Martín Mariscal y Conchita Fernández Jiménez, los padres de Inma Martín Fernández, se lanzaban decenas de pelotas para el disfrute de los que allí nos encontrábamos. ¡Qué recuerdos más bonitos!.
![]() |
| Noche de Reyes en la plaza del Mentidero en 2005 |
Y así llegaba a casa con los pies “molíos”, cargado de caramelos y balones. Esa noche la intriga por lo que vendría se unía al dolor de barriga por la “jartá” de caramelos que me había comido. En casa no éramos de despertarnos con la salida del Lorenzo para abrir los regalos sino que mis hermanas me despertaban y de madrugada íbamos y descubríamos la enorme sorpresa. Cierro los ojos y aún veo la entrada de casa con las motos de mis hermanas (una Suzuki Lido y una Aprilia Amico cada cual en su año correspondiente), los regalos a mi perra Karina (ella también recibía vayáis a creeros ya que era una más en la familia), mis bicicletas de cross amarillo fosforito o la de montaña plateada y morada como los colores del Madrid, mi patineta que aún sigue por casa de mis padres, la diligencia del futuro, un garaje que flipabas con luces, sonidos… era una pasada, el transformers, el balón Mikasa (esto será objeto de otro artículo jaja), el robot y, la joya de la corona, el barco de playmobil, mi gran anhelo, y que por fin vino a casa. Lo destrocé de tanto jugar con él. Hace unos pocos años me compré el nuevo en honor a ese gran navío que surcó los mares de mi casa durante mi infancia.
![]() |
| Con el remake de mi deseado barco Pirata |
Después
acudíamos a la cama de mis padres para mostrarles todo aquello que
había venido desde Oriente esa mágica noche. Pero no era la única parada obligatoria de la noche ya que acto seguido visitábamos la casa de mi abuelo Miguel y de mi abuela Ana para enseñarles los regalos así como para ver lo que nos habían dejado allí.
Y con esas bonitas imágenes y grandes recuerdos quiero irme a dormir con la ilusión y la esperanza de que mis hijas puedan tener esa bonita infancia que yo tuve. ¡Feliz Día de Reyes!



No hay comentarios:
Publicar un comentario