¡Perdiceeees!
La Semana Santa va mucho más allá de los sentimientos religiosos que despierta en parte de la población. En esta época se despiertan muchos de los recuerdos de nuestra infancia y se activan todos nuestros sentidos. Imagen de una "perdíz" en las calles de Granada Ejemplos de ello son: el sonido de las marchas de las bandas de cornetas y tambores, el bullicio de la gente, los carritos de bebé dándote en los tobillos (ahora soy yo el que se está cobrando esta dulce venganza), el sabor de los primeros helados de Los Italianos o de La Rosa, el armario que llevas encima (manga corta para las altas temperaturas de la tarde, abrigo para la noche y paraguas por si se le ocurre llover, todo eso sin tener en cuenta la silla plegable que llevamos encima los que tenemos una cierta edad), el olor a incienso o el de las famosísimas “perdices”. ¡Qué olor desprenden las perdices! ¡Qué ricas están! ¡Y qué sabor tienen! Pero pongámonos en situación, lejos de ser un plato protagonizado por u...