Cuando las arterias son de agua

El pasado 26 de julio de 2019 las Asambleas de IU del cinturón sur organizaron  una salida senderista a través de una de las principales arterias hídricas que conectan Granada y Monachil por Huétor Vega, la acequia del Albaricoque.

La ruta comenzó en el árbol centenario de "La Era de la Casería" (catalogado como árbol singular) que oficializa el límite geográfico entre la capital granadina y el pueblo del célebre poeta, historiador y médico Abd al-Malik Ibn Habib. En este lugar Juan Raya, estudioso de las acequias, comenzó con la explicación sobre dicho recurso que ha caído en el olvido de la población. Suciedad, abandono y entierro bajo metros de asfalto y hormigón son, por desgracia el común denominador de las acequias.

Una vez que admiramos la acequia bajo el árbol centenario, donde pasa, literalmente a sus pies y entre sus raíces, nos dispusimos a marchar su recorrido curso arriba para llegar a la parte superior de la célebre finca de Huétor Vega "el Candado" la cual está aún a la vista de las personas que deseen contemplarla.

El carril de la Pica y la plaza de la Acequia son testigos aún de su sonido, su olor y su fragancia para nuestros sentidos.

Pero en esta plaza se despide de nosotros a través de una leve catarata para enterrarse bajo el hormigón de la calle Balcón de la Vega.

Y es ahí, en uno de los barrios históricos del municipio, Las Cábilas, donde la acequia vuelve a saludarnos con todo su esplendor para adentrarse en el oscuro soterramiento de la plaza de la Cañadilla y de la calle Campo donde unas arquetas donde se lee textualmente "A. Albaricoque" delatan que por ahí pasa la arteria hídrica de Huétor Vega para perderse tras un muro.

El siguiente lugar donde nos adentramos en su enorme magia es en la calle "Güetor", donde los padres del célebre Antonio Ariza tenían su quiosco. Allí contemplamos el aljibe de la acequia con una pequeña fuente en su exterior. ¿Cuántas veces hemos caminado junto a este aljibe y ha pasado desapercibido a nuestras ajetreadas vidas?
En la siguiente parada, el Carmen de San Rafael, nos deleitamos con una gran alberca con peces en su interior. Parecen que nos quisieran dar la bienvenida a ¹otro de los barrios históricos del municipio, "Los Peñones". Allí en la antigua casa de "Las Pumpunas" finalizamos el recorrido de parte de esta acequia tan olvidada y a la cez tan fascinante de nuestra geografía granadina.
A veces es conveniente pararse, respirar y vivir con nuestros sentidos para saber degustar y valorar aquello que tenemos olvidado, aquello que no percibimos a simple vista. Y parafraseando a Antoine de Saint-Exupéry en El Principito: "Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos"

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