Que la verdad sea más rápida que la mentira


Según la Real Academia Española de la Lengua (RAE) un bulo es definido como una noticia falsa propalada con algún fin.


En esta definición se muestra claramente que la propagación de noticias falsas se lleva a cabo para conseguir una finalidad determinada. Ni el paso de los años, ni los medios tecnológicos que tenemos a nuestro alcance hace que estemos a salvo de caer en las pegajosas redes de los tentáculos de la mentira y la difamación donde, y a pesar de emitir numerosas noticias que muestre la falsedad de esa noticia, siempre queda “algo” o “alguien” que sigue creyéndose el bulo haciendo buena la frase de “miente que algo queda”.

Felipe Ojeda en un artículo, allá por 2017, hablaba del sentido que había tenido la mentira para la consecución de fines políticos a lo largo de la historia de la humanidad y, en uno de los ejemplos, citaba la obra de Plutarco, Obras morales y de costumbres donde habla de Medión de Larisa que ordenaba a sus secuaces que sembraran confiadamente la calumnia, que mordieran con ella, diciéndoles que cuando la gente hubiera curado su llaga, siempre quedaría la cicatriz.

Y sabiendo que siempre habrá quien se siga creyendo ese bulo, sabiendo que se debe argumentar para desmentirlo, sabiendo que quedará para siempre esa cicatriz en forma de duda y de sospecha… se siguen realizando estas acciones desinformadoras que no hacen más que crispar y generar odio y rencor en un momento en el que tenemos que remar todas y todos juntos, donde no sobra nadie para aportar ideas y donde cualquier muestra de ayuda, colaboración e ingenio deben ir enfocadas hacia la empatía de conseguir una sociedad más unida en estos difíciles momentos.

Ya lo comenté en artículos pasados, vivimos en una sociedad de instantes y no de momentos, en una sociedad que cada vez más funciona a golpe de tuit, donde un discurso y una idea es novedosa al amanecer, pero trasnochada cuando se vislumbran las primeras estrellas de la noche. Y cuando has generado un argumentario para desmentir el bulo de la mañana, ha salido otro por la tarde enredándose en el sentir de la población generando que una mentira repetida muchas veces se convierta en realidad para una gran parte de ella.

Y para muestra un botón, existen bulos que aún siguen presentes en nuestra sociedad como los relacionados con las personas extranjeras donde se les vinculan con la delincuencia, el colapso sanitario, la propagación de enfermedades o el acceso a ayudas extraordinarias. Los vinculados con los videos y fotos (de otros países y donde en muchos casos se trataban de performances) que las relacionaban con charlas y actividades realizadas en los colegios de nuestro país y todo para reforzar la necesidad del pin parental. Bulos que debemos de tener tolerancia cero con los mismos y pararlos en seco para evitar que se estigmaticen colectivos, actividades y acciones.

Existe algo esencial en la emisión de un bulo, la contextualización. Estos se basan en un contexto determinado y con un hecho que ocurre en la actualidad tal y como está sucediendo en estas fechas donde mentiras y fakes news inundan las redes sociales y los grupos y conversaciones de whatsapp en forma de texto y de audios de dudoso origen que hablan de la situación actual.

Ya lo decía Patricia R. Blanco, la desinformación es un enemigo que siempre nos lleva ventaja y es por eso por lo que apelo a aumentar nuestro pensamiento crítico en el sentido de analizar, entender y evaluar la información que nos suministran desde la televisión, la radio y, en mayor medida las redes sociales y whatsapp. Que hagamos una lectura profunda de la noticia e indaguemos sobre el origen de su fuente donde dejemos de ser consumidores pasivos de información para convertirnos en productores de ella con las herramientas que tenemos a nuestro alcance.

Por lo tanto, y a pesar de tener infinitos medios a nuestro alcance puede que nos encontremos en la paradoja de estar viviendo en la sociedad de la información más desinformada de la historia.

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